La marihuana y el sentido de la estética.

No me las quiero dar de experimentado en ninguna de las dos áreas (marihuana y estéticas), porque no lo soy. Se supone que mi acercamiento con la estética es para fines prácticos. También lo he conocido como Factura. Sea lo que sea, es un componente fundamental en el hacer, al menos para su estructura o fundamento. Otra cosa es mi oficio. Mi oficio como productor.  Y entiéndase como se quiera entender. No tengo interés en relacionar este tema con el enfoque que se le adhiera a cada una de las profesiones atractivas del panorama, porque a mi percepción, precisamente esa dualidad es la que genera interferencia y no permite acercarse concretamente a la problemática. Pero no soy extremo. De esta observación quedan exentos todos aquellos que en su defecto tengan a la estética como base de sus estudios e investigaciones, porque ellos sí sabían a lo que se enfrentaban desde el principio, así fuese el mismo desasosiego.

He vivido el amateurismo en su expresión más concentrada gracias al wannabismo inefable que invade esta ciudad, Medallo. Donde llegan modas y nostalgias extranjeras en cantidades exorbitantes y son bien vistas y recibidas por todos nosotros, incluso si se tratase de reblujo hecho para no tomarse en serio. Y nosotros, que ni hemos vivido cultural ni topograficamente esos elementos, de todas maneras generamos el click simpatizante. Pero no… antes estoy diciendo que qué bien. Reconozcamos el valor de todos nosotros como habitantes de este periódico doblado a la mitad de ciudad, para apropiarnos y vivir a sangre fría no solo estéticas, que vienen siendo algo subyacente y secundario, lo importante es cómo ahora toma una nueva forma, a modo de reciclaje, y esa figura adquiere una belleza casi artesanal porque está hecha con manos «sinceras».

Aquí de pronto voy a empezar a herir sensibilidades diciendo que el reggaetón en su forma pura es así, cutre, dañino, y estallado precisamente por todo eso que ya sabemos de la guerra del volumen (Loudness war), esa tendencia que hace que los productores se preocupen más por competir comprimiendo su sonido, y por eso la relación de la ganja con esta ciudad. Las letras del trap con respecto a la marihuana no son en vano. Yo caigo perfectamente ahí, porque así hago música yo. Estallada, hecha y para ser escuchada fumando un crespo o un pangolo.

Y en cuanto a lo otro, creo que no importa desde cuando haya empezado a fumar ni qué experiencia tenga en relación a la marihuana. Lo que yo entiendo por «sentido de estética» va más allá de la sensorialidad. Medellín ya tiene claro eso. Medellin lo tenía claro desde hace rato, antes de que naciera su arte. Lo tenía claro haciendo y produciendo cine, arte y música. Ya sabía que de todas maneras podría no haber un buen resultado porque se está haciendo algo que no existe, cine, en ese entonces. (Oswaldo Osorio).

Pero de todas maneras, eso es historia. Y es pasado. Y la ley ahora es diferente. Por eso mismo, lo importante ahora no es conceptualizar. ¡Concepto ya hay! . Ha habido en todos los cortos mayores y menores y en toda la filmografía que son más que fantasmas, historias e universos que pudieron ser más fuertes y no lo fueron a causa de falta de oficio e investigación.

Y para cerrar. Rescatemos lo cutre. Lo cutre como apropiación cultural y social. Lo cutre como elemento que expande las dinámincas y narrativas en el paradigma actual en el cual se lee el arte. Tal vez así rompamos alguna fibra.

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